¿Y si nos enteramos que somos racistas?
diciembre 15, 2011 at 5:52 pm Deja un comentario
Por Marciano Durán
¡Qué maravilla de día!
¡Festejos del Día Nacional del Candombe, de la Cultura Afro-Uruguaya y la Equidad Racial, en este 2011 que coincide con el Año Internacional de los Afrodescendientes!
¡Qué oportunidad para plantearnos algunas cuestiones!
¡Qué momento para tirar sobre la mesa un tema que nos ocupa y nos preocupa!
¡Qué fantástica ocasión para invitarlos, para invitarnos, a reflexionar sobre una realidad que vamos postergando, porque pierde una y otra vez en el tratamiento público con la inseguridad, con el fútbol o con Video Macht!
Estoy hablando de racismo.
Veamos… los uruguayos nos ofendimos mucho cuando un inglés atrevido, entrometido, blanquito y rubión dijo hace unos días que Uruguay es el país más racista del mundo.
Y como si fuera poco, el británico osó meterse con Luis Suárez, nuestro jugador estrella que hizo cuatro goles en un solo partido. Y no sé qué nos dolió más, si que se haya metido con Luisito o que nos haya acusado de racistas.
¿Cómo que somos el país más racista del mundo? Pero… ¿este tipo no escuchó hablar de Artigas que tenía un amigo negro, de la celeste que silenció al Maracaná de la mano del negro Obdulio? ¿Pero este tipo no sabe que Ruben Rada es casi un héroe nacional?
Después descubrimos que este señor -el ex diputado inglés George Galloway- además de decir que Uruguay es “el país más racista del mundo entero” también dijo que “los uruguayos blancos aniquilaron a los nativos” de estas tierras. Y que la población de nuestro país “está conformada por blancos, porque aniquilaron físicamente a los nativos y se aseguraron que ningún esclavo liberado del resto de América pudiera establecerse en su país”.
Capaz que si lo hubiera dicho Gerardo Caetano o Pivel Devoto uno podría llevarlo.
¡Ta’ feo que te lo digan desde Inglaterra!
Un inglés acusándote de racista es casi casi, como un cocodrilo diciéndote que tenés la boca grande.
Pero ahí está. Está dicho. En todo caso habrá que salir a desmentirlo. En todo caso habrá que saltearse Salsipuedes y otros acontecimientos y contestarle. En todo caso estas jornadas de festejos deberían servirnos para empezar a aceptar que los uruguayos discriminamos. Y por varios motivos: por la orientación sexual, por ser viejo, por ser joven, por ser gordo, por ser mujer.
Y cuando aceptemos que somos discriminadores, tal vez ese día podamos comenzar a encontrar respuestas a tanta pregunta con que se despachó el inglés.
Convengamos que los negros desde los inicios de la patria, desde los orígenes de la esclavitud han sido identificados con los espacios de servicio. Llevan los afrodescendientes un sello en la frente. Cultural, histórico y profundamente discriminatorio que determina que con el devenir de los años hayan llegado a los trabajos de menor jerarquía y menor retribución.
A la dificultad puntual de un afrodescendiente intentando acceder al sistema educativo o laboral, debe agregarse que ha estado acumulando desventajas socioeconómicas a lo largo de generaciones. Ustedes lo saben, ¿cuántos médicos negros los han atendido en los últimos meses en su ciudad? ¿Cuántos negros atendieron a los enfermos de Punta del Este desde Aramís Ramos a la fecha? ¿Dónde están los arquitectos? ¿Dónde los abogados negros de Maldonado? ¿No es que los afrodescendientes son el 10 por ciento de la población? ¿No debería haber un cardiólogo negro de cada diez? O no pudieron acceder a nuestro sistema educativo o desertaron mucho antes de llegar a la universidad.
Estudios coordinados por la sicóloga Susana Rudolf integrante de la Cátedra de Salud de la Facultad de Sicología dan cuenta que en muchos comercios no toman negros como vendedores. En otros tantos no les permiten probarse la ropa que van comprar y en los comercios de autoservicios los sistemas de seguridad observan expresamente y siguen a los negros durante su permanencia en el local.
Digámoslo con todas las letras: nuestro país discrimina. Pero nadie se asume racista.
Más de una vez en Punta del Este, en mi anterior ocupación a la hora de contratar a una mujer para el servicio doméstico, las instrucciones que recibíamos eran: “que tenga experiencia, que sea simpática y que tenga buena presencia”. Cuando queríamos definir lo de buena presencia, la respuesta siempre era la misma. “Bien arreglada y que no sea negrita”. Así, en diminutivo, para que duela menos cuando se dice. Para que le duela menos a la que lo dice.
Tomemos las palabras de Juan Fernández Romar, Profesor de Psicología Social de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República: “En Uruguay más de la mitad de los afrodescendientes menores de edad viven en situación de pobreza, presentando además menores posibilidades o condiciones de acceso a la educación y al sistema de salud que los blancos”.
El último censo nos dará datos más precisos, igualmente podemos manejar algunos números. El 10 por ciento de los uruguayos es de origen afro. 300.000 en números redondos.
El 40% de ellos vive en barrios periféricos y asentamientos irregulares de Montevideo.
La mitad de los afrodescendientes que viven en el interior se concentra en Artigas, Rivera, Paysandú y Salto, y en Cerro Largo y Tacuarembó. Sólo el 28,1% de la población de ascendencia blanca del interior vive en estos departamentos que, además, son los que tienen menor ingreso per cápita.
La segregación residencial y la alta tasa de natalidad, pero con una esperanza de vida disminuida con respecto a la población total, son dos de los indicadores más relevantes de las condiciones de vida de los afrodescendientes, según el informe elaborado para el MEC por la experta en exclusión, inclusión y ciudadanía Laura Da Luz Martínez.
En el mercado laboral la discriminación queda en evidencia en el salario y en las oportunidades que tienen los afrodescendientes: 37% está ocupado en trabajos no calificados y ganan 40% menos que un trabajador blanco.
El Uruguay es un país que discrimina, pero que en los últimos años observa un retroceso en ese sentido. Retroceso que llega a la luz de algunas políticas públicas y de la fuerza que implica el reclamo colectivo de los afrodescendientes. Acá nadie te regala nada.
Y… ¿por qué plantearlo en este día y a esta hora? Porque creemos que debemos conversar más de estos temas. Porque este es un buen lugar para reconocer cuál es el problema.
Porque es necesario decir con claridad que los afrodescendientes en este país no tienen las mismas posibilidades que los blancos de asegurar sus derechos, de hacerlos efectivos, en este caso derechos culturales.
Hace unos meses, nuestro intendente de Maldonado dispuso la conformación de la Unidad de Carnaval, proponiendo su funcionamiento durante todo el año. Estamos trabajando fuertemente con Hugo Tort y con el resto de los compañeros para que la Unidad de Carnaval se transforme en la herramienta de cambio social que comience a investigar, considerar y modificar estas realidades.
Nuestra intención entonces es desarrollar acciones que la Casa de la Cultura Afrouruguaya ha asumido como tarea principal. “Desarrollar líneas de acción vinculadas con la investigación, recuperación y archivo del acervo cultural afrouruguayo, así como con la promoción y difusión de sus costumbres, valores y creencias, que han sido constitutivas y fundantes de la cultura uruguaya”.
Todo esto, conscientes de que la Unidad de Carnaval es una estupenda herramienta, pero es insuficiente como para promover otras manifestaciones culturales como el teatro, la plástica o la literatura.
Conscientes que no es el carnaval el único espacio donde dar la pelea. Porque subsiste en nuestro país una segunda franja de discriminación: la que permite, promueve y estimula la participación de los afrodescendientes en el carnaval y en el deporte (mientras tanto no participen de la misma cola en la que estamos buscando un empleo.)
Hace unos días el guatemalteco Julio Solórzano, nos hablaba de una ley que proponía cortarle la mano a aquel que robara pan, pensando que de esa manera se hacía justicia.
Pero… ¿los ricos no roban pan? Lejos de conseguir la justicia pretendida la brecha se amplió. Ahora además de pobres, habría pobres mancos.
Ayer nomás, escuchábamos en una radio a un “periodista” que decía con total desparpajo, que la culpa de la segregación hay que buscarla en los propios negros que se agrupan y se segregan ellos mismos. Esta persona decía que la discriminación nace de esos gestos y de esos reagrupamientos.
Ese es el debate a dar.
Entonces la pregunta para finalizar es: ¿Y si de una vez por todas asumimos que somos racistas? ¿Y si a partir de asumirlo actuamos en consecuencia?
Trabajemos en el carnaval. Y trabajemos mucho más… fuera del carnaval. Los negros siguen estando en Uruguay en la base de la pirámide de Maslow. Sus prioridades siguen siendo respirar y alimentarse. Será difícil que se propongan otros objetivos. El acceso a la educación… es la clave. ¿Podrán dar la batalla, solos?
Estemos atentos, conversemos, discutamos, propongamos y mientras lo hacemos los invito a disfrutar de las lonjas. Que los tambores nos despierten. ¡Feliz Carnaval!
N. de R. Palabras pronunciadas por Marciano Durán, Director de Cultura de la Intendencia de Maldonado, al celebrarse el 3 de diciembre el Día Nacional del Candombe, de la Cultura Afro-Uruguaya y la equidad racial, fecha en que se realizaron las clasificatorias de comparsas para el Carnaval 2012 de Maldonado.
Entrada archivada en:Uncategorized. Etiquetas:.
Trackback este articulo | Suscríbete a los comentarios vía RSS Feed