Neber Coloquio – El Gran Debate

Por Marciano Durán

NEBER- Buenas noches, señores televidentes. Finalmente se producirá hoy el tan esperado debate entre las dos fórmulas presidenciables. A mi derecha los señores Lacalle y Larrañaga y a mi izquierda los señores Mujica y Astori. A partir de aho…. sí señor Mujica ¿qué quería decir?
MUJICA- Que no sea nabo, Neber.
NEBER- Creo recordar que eso ya me lo había dicho, Senador.
MUJICA- Sí m´hijo, pero hace seis años. Y ahora que se lo dije otra vez, quisiera retirarme porque mis asesores me pidieron que hable lo menos posible. Además, me anoté en un par de cursos acelerados y estoy llegando tarde. Permisooo (se levanta de su silla).
ASTORI- (Agarrándolo de la manga del saco nuevo) Aguantate Pepe, algo tenés que decir (ahora hablándole en secreto) No podés venir a un debate y decir solamente “no sea nabo”.
MUJICA- (En secreto con Astori) Es lo único que tenía ganas de decir. Hacía tiempo que no se lo decía (se ríe). Ahora no tengo más ganas de hablar y mucho menos con estos tres chorizos de mezcla.
NEBER- Tiene la palabra el señor Larrañaga. Habla tú que te toca a ti, Jorge Washington.
LACALLE- Gracias Adán Neber. Yo quisiera empezar refiriéndome a…
NEBER- Perdón Luis Alberto, no lo tomes a mal, pero dije que tiene la palabra Jorge Washington.
LACALLE- Sí, él después va a hablar un poco ¿Verdad Larra, que después vas a hablar un poco? (Jorge hace que sí con la cabeza) Mira Neber, me gustaría hablar del primer tema que acordamos: Política de Vivienda. Cuando fuimos gobierno hicimos una enorme cantidad de casas, apartamentos, covachas, sucuchos, chalets, cuevas, residencias y mugreras. En ese sentido yo quisiera…
MUJICA- Éste es igual de nabo, pero sin bigote.
ASTORI- Tranquilo Pepe. No es necesario ser tan auténtico. No podés decirle a todo el mundo lo que pensás, a veces hay que ser políticamente correcto. Yo opino que…
MUJICA- Tu opinión me importa un carajo. A propósito, ¿te dije alguna vez a quién te parecés? El otro día me reía solo viendo una foto tuya, parece que te hubieran sacado de los Picapiedras. (Se ríe). Sos una mezcla de Pablo Mármol con Gerardo Pelusso.
ASTORI- Después Pepe, después hablamos de eso.
NEBER- Luis Alberto, tienes la palabra.
ASTORI- ¿Otra vez Luis Alberto? Nosotros también queremos hablar.
MUJICA- No digas choriceses, Danilo. El que quiere hablar sos vos. Yo me quiero ir.
LARRAÑAGA- Lo que pasa es que el subconsciente del señor Mujica no quiere ser presidente.
MUJICA- No diga pavadas, m´hijo. Yo quiero ser presidente.
LARRAÑAGA- Yo digo el subconsciente. Usted no puede hablar en nombre del subconsciente. Nadie sabe lo que opina su subconsciente. Si no sería el consciente. Yo estoy discutiendo con su subconsciente, usted no se meta Mujica.
MUJICA- Y yo le estoy hablando al inconsciente. A vos. Lo único que falta es que ahora me descuenten el tiempo que habla mi subconsciente.
NEBER- Les pido que guarden la compostura.
MUJICA- Mire señor periodista, si a esta gente le ataca la descompostura estando en mi casa… te quiero ver. ¡Al excusao del sucucho! ¡Tendrán que limpiarse con la Tarjeta Joven! (Se ríe a carcajadas. Se golpea la pierna con la mano abierta. Una lágrima asoma en el ojo izquierdo)
LACALLE- (enojado) O me limpio con el Plan Ceibal… que es lo mismo.
ASTORI- La Tarjeta Joven es al Plan Ceibal, lo mismo que un salamín a un submarino nuclear.
LACALLE- ¿No era que no tenían ganas de hablar? ¡Hablan cuando quieren, querido Araújo Souza, esto es un relajo!
MUJICA- ¡Relajo! ¡Dijo relajo, Neber! ¡Lacalle dijo relajo! ¡Ah… se fue al carajo, Don Lacalle! ¿Cómo va a decir relajo? ¿Un tipo educado y refinado diciendo relajo?
LARRAÑAGA- Yo quisiera saber si…
LACALLE- Después Jorge, después decís lo que quieras decir. La discusión es conmigo.
MUJICA- Es lo mismo doctor, usted y él son lo mismo.
LACALLE- No comparemos con lo peor, Senador.
NEBER- Luis Alberto, alumnos de periodismo de la ORT plantearon que…
LACALLE- Mire, a mí de un grupo de asesinos, torturadores y ladrones como los de la ORT nada me sorprende.
LARRAÑAGA- (en secreto) Se te fue larga Luis Alberto, creo que estás confundiendo la ORT con la ETA.
MUJICA- Yo quiero opinar sobre Artigas.
ASTORI- ¡Noooo! Digo… no. En todo caso me lo decís luego en el comité y yo después les cuento a ellos.
LARRAÑAGA- Dejalo Danilo, ¿no ves que es un analfabeto?
MUJICA- Ahí te salió el mismo tonito que el chorizo de Lacalle.
ASTORI- De- la- calle. El chorizo de –la- calle, el que venden en los carritos.
MUJICA- ¿Te dije Danilo lo que pienso de tu cara? ¿Vos te ves la cara a la mañana o te afeitás de memoria? ¿Viste las marcas que tenés a los costados de la boca? Ahora que te veo bien (empieza a reírse) tenés la …(risa)… tenés la boca entre paréntesis…
ASTORI- Creo que estás diciendo estupideces, Pepe. Concentrémonos en el debate.
LACALLE- Dejalo Danilo, digo… déjelo Senador, está más estúpido que un argentino.
MUJICA- ¡Más argentino serás vos! ¡Esa sí que no te la llevo, porteño arrepentido!
LARRAÑAGA- ¡Kallate Mujika, kallate! Yo estoy acá para defender al Partido Nacional.
LACALLE- Tranquilo Jorge (tocándole la cabeza y acariciándole la nuca). Tranquilo Jorge, no me pongas nervioso que se me afloja la cadena de la motosierra. Mire Mujica, el Partido Nacional S.A. nunca va a permitir…
LARRAÑAGA- No Luis Alberto, nosotros no somos una sociedad anónima.
LACALLE- Se lo creyó, es diviiino, él es tan ingenuo (abrazando tiernamente a Larrañaga)
MUJICA- Están nerviosos porque se termina el acomodo ¡Te has acomodado más que un socialista, Luis Alberto!
LACALLE- Eso no te lo permito. ¡Lo de argentino te lo banqué, pero con Gargano no me comparés!
LARRAÑAGA- Eructó, Neber. Mujica eructó, yo lo escuché clarito.
NEBER- Señor Mujica, si sigue eructando me veré obligado a terminar con el debate, mantengamos el nivel.
MUJICA- No sea nabo Neber, si en este debate hubiera justicia…
LACALLE- ¿Dijo Justicia con mayúscula o con minúscula? Porque para serle franco…
MUJICA- ¿Dijo Franco con mayúscula o con minúscula? ¡Ah… doctor, antes de que me olvide! En el barrio hicimos una colecta porque los muchachos escucharon que no les alcanza para vivir. Mire, le trajimos esto (saca monedas envueltas en un papel de estraza y las coloca sobre el escritorio)
LACALLE- No preciso Mujica. Y si preciso le pido a Danilo que con el sueldo de Senador -y no el de Ministro- está más cómodo que sillón de dentista.
MUJICA– Disculpe doctor, ¿cambió de marca de perfume? No mezcle el Palmolive con el importado porque después le da resaca.
LACALLE- Ni le contesto, Mujica. Usted a los perfumes los ha visto en fotos.
MUJICA- Che Luis Alberto ¿No estarán grabando esto, no?
LACALLE- Adán Neber, ¿esto lo estás grabando o es sólo para nosotros cinco?
NEBER- Lo estamos emitiendo y lo estamos grabando.
MUJICA- (Agarrándose la cabeza) ¡Ojo! ¡Ojoooooo! ¡Entonces, ojo lo que decimos Lacalle! Después los periodistas lo sacan de contexto y nos matan.
LACALLE- Si Pepe, hay que tener cuidado; después quedamos regalados.
MUJICA- Más regalao que guardaespaldas de Tabaré.
LACALLE– Más regalado que ducha en un cantegril.
MUJICA- A propósito Doctor, ¿usted de acá a dónde va?
LACALLE- Voy al Palacio ¿Quiere que lo arrime?
MUJICA- ¿Al Palacio? No, le agradezco Yo estoy yendo pa´ la cueva.
LACALLE- ¿No se habrá enojado por lo que dije de su casa, no? Lo de cueva se lo dije cariñosamente. Como hablando de Batman y de la Bati-Cueva. Yo quise decir la Pepe-Cueva. ¿Sabe que pasa, Mujica? Que en el interior cueva quiere decir apartamento o chalet. Incluso en algunas ciudades del litoral, cueva quiere decir mansión. Lo que pasa es que si te sacan de contexto es una cagada…
MUJICA- Cagada, ¡dijo cagada!

Add comment Septiembre 30, 2009

Manual del buen pelado

Por Marciano Durand

A todos les va a tocar.
Tarde o temprano les va a tocar.
O te quedás pelado vos, o se queda pelado tu padre, o tu primo o tu hermano.
Todos tenemos un pelado en nuestro futuro.
Y visto y considerando que ya pasé por esta experiencia, se me ocurre que como servicio a la comunidad no estaría mal prepararle el camino a los que van llegando.
Es cierto… lo mío fue muy abrupto, muy de golpe, muy sin aviso, pero en última instancia el resultado es el mismo.
Como vi que se caía…lo ayudé.
Pasé a ser parte del asunto.
Me involucré en la caída.
¿Qué diferencia hay?
La misma que en el omelet de jamón.
Lo contaba Leandro en la presentación de “Crónicas marcianas y uruguayas”.
Una cosa es participar de la calvicie y otra es involucrarse.
Leandro decía que en la receta del omelet de jamón preparado con huevos de gallina y jamón, en su elaboración la gallina participa, mientras que el cerdo se involucra.
En otras palabras… me queda claro que si algún día me mandan a la guerra, cuando vea que vamos perdiendo me paso con el enemigo.
Eso hice.
Vi que se venía la calvicie y le gané de mano.
Me rapé de punta a punta.
Me saqué mi larga, negra y lacia cabellera.
¡Y ahora soy un pelado!
¡No puedo creerlo!
Es algo rarísimo.
Porque no sólo te ven distinto los otros, vos mismo no te reconocés al espejo.
Es como si alguien se hubiera apoderado de vos, es como si otra persona decidiera lavarse los dientes en tu propio baño. Sos la versión calva de Linda Blair en “El Exorcista”.
Tiene tu voz, tiene tus ojos, usa tu camisa, agarra tu cepillo…pero no sos vos.
Por ahí anda la cosa.
Primer consejo para los futuros calvos: Escuchá atentamente a los que te quieren mucho y desconfiá de los que quieren quedar bien con juicios ambiguos.
Mi historia fue así: salí de casa, me senté en el sillón del peluquero y le dije:
–Ésta es la última vez que te vengo a ver.
El tipo pensó que como se me caía el pelo me iba a suicidar.
–Pensalo- me dijo–. No hagas locuras.
–Ya lo pensé -le dije- rapame. Tengo más entradas que el Conrad. Más vale ser un pelado digno y al contado que sufrir una calvicie en cómodas cuotas mensuales.
Y volví a casa.
–¡Hay un pelado tocando timbre!- gritó mi hija menor después de vichar por la mirilla.
–No abras por las dudas- escuché que decía mi mujer–. Y menos ahora que no está tu padre, que por más que sea jodido, algo ayuda.
Segunda advertencia para futuros calvos: Ya no volverán a confundirte con alguien parecido a vos. Sólo te confundirán con otro calvo.
La cena fue larga.
Mis hijos pinchaban con el tenedor y de reojo miraban la calva que amanecía.
La mayoría de las veces le erraban a las moñitas y un par de veces le erraron al plato.
Nadie arriesgaba una opinión.
Mi mujer trataba de no mirar mucho, pero todo el mundo sabe que eso es peor.
Es como ese lunar grandote que tiene el tipo que está enfrente a vos y que vos decidís no mirarle. Y los ojos se te van solos, hasta que llega un momento en que te das cuenta de que a pesar de habértelo advertido vos mismo, lo único que mirás… es el lunar.
No es un tipo con un lunar adelante, es un lunar con un tipo atrás.
Y dejás de atender lo que te dice mientras te repetís una y otra vez “¡nooo, no le mires el lunar con pelos!” y de golpe…lo único que ves es un enorme lunar con pantalones, sentado frente a vos.
¿Todo por qué?
Por proponerte ser condescendiente con el lunar, en vez de serlo con el tipo.
Y fue mi nieta de cinco años la que -una vez más- dio la lección.
Se encerró en el dormitorio, lloró en silencio y no me permitió entrar a explicarle.
Sintió que alguien le había cambiado al abuelo; que a pesar de tener la misma cara, los mismos gestos y hasta la misma risa, tenía otra cáscara.
–¡No abuelo, no entres!– dijo mientras yo la adivinaba acostada, boca abajo, con su carita apoyada en la almohada.
Y lloró un rato sin salir del dormitorio ni dejar que nadie entrara.
Al rato pasó rauda para la cocina donde estaba la abuela.
Miró de reojo y taloneó.
A la vuelta de su excursión a la cocina y camino al dormitorio miró una vez más de reojo y apuró el paso.
Repitió el trayecto dos veces más, segura de que no la veían porque todos estaban ocupados en disimular que me faltaba algo en la cabeza.
Al tercer viaje se me acercó, se paró junto a mi silla, colocó su manita en mi rodilla derecha, se secó la última lágrima chiquita que le quedaba y con voz temblorosa me dijo:
–Abuelito…
–¿Qué, mi amor?
–… ya me acostumbré.
Fue en ese momento que me di cuenta de que con cinco años se le estaba adelantando al resto de las personas con las que me iba a encontrar.
Su proceso había sido rápido, limpio, auténtico, claro y hasta expresado en voz alta.
De eso se trataba: tendrían que llorar un ratito, elaborar el duelo, acostumbrarse y sin necesidad de tocarme la rodilla, entenderme.
Claro, para los niños es más fácil, ellos son más maduros que los adultos maduros.
Me sirvió para entender que al raparme les había pasado el problema a los demás.
Desde ese día dejé de ser consciente de mi calvicie.
Cuando hablo con otra persona no estoy pensando si tengo pelo o no tengo.
¡Pero el otro sí!
El otro empieza a sufrir el síndrome del lunar.
¡Pobre! ¡Su problema es que me falta pelo!
De a poco fui sobrellevando la relación en familia.
Me costó un poco entender que mi mujer se estaba acostando con un pelado.
No conseguía al principio reconocerme acostado con la bruja y menos aún verla acostada con un calvo.
Era como si me engañara con otro que era yo mismo.
Pero se fue solucionando.
Tenía algo de fantasía sexual.
El otro paso difícil fue a la mañana.
Levantarme y encontrarme de golpe conmigo mismo en el botiquín.
El primer día medio dormido, me saludé sin querer.
–¡Oh! perdón –dije y amagué a salir, pensando que había un tipo en mi baño.
Después me fui a acostumbrando.
Noticia: ¡Qué rápido se bañan los calvos!
Al dejar de lavarme la cabeza, el baño empezó a limitarse a unos pocos minutos. Descubrí que el tiempo se lo llevaba el shampoo, el enjuague, el lavado, el secado con toalla, el peinado, etc, etc.

Advertencia II: Se te enfría y se te moja la bocha. El frío en la cabeza y la primera lluvia en la calva me sorprendieron. Pensé que ya no me quedaban experiencias nuevas para afrontar, pero apareció ésta de mojarme las ideas cuando llueve.
–Tenés una linda forma en el cráneo– te dicen y es algo así como decirte “Menos mal que no tenés una cabeza con forma de berenjena o de zapallito de tronco”. “No te queda tan mal, es cuestión de acostumbrarse”. “La ventaja es que te vas a morir sin haber tenido canas”.
Claro, hay que entenderlos, no todos tienen la madurez de tu nieto para asumir y elaborar pérdidas ajenas.
Más información: Te sentirás acorralado.
Descubrirás que en esta sociedad el pelo es un valor.
Verás –uno atrás de otro– los avisos en la tele con el cabello negro cayendo como si fueran hilos de seda empetrolados, verás la cabellera rubia en cámara lenta encandilándote como un sol a domicilio.
Y empezarás a encontrar ofertas de shampoo por todos lados.
Mi mujer dice que siempre estuvieron ahí, sin embargo yo estoy seguro de que alguien las pone en los estantes de los supermercados cuando me ven entrar.
Verás que te ofrecen enjuague para el pelo hasta en los ómnibus.
Las promotoras de los semáforos, si les agarrás el shampoo de regenerador anti-quiebre te querrán regalar un televisor de plasma.
Por teléfono te venderán un enjuague con ceramidas, control caída, con una moto de agua de regalo.
Dicen que los que sólo tienen un martillo a todo le ven forma de clavo.
Vos a todo le sentirás olor a shampoo de manzana con placenta de tortuga.
Otro mensaje: Serás un mojón para muchos.
Vas a ser referencia en las colas y en las multitudes.
La gente dirá:
“Allá, al lado del pelado”.
“Del pelado, dos para atrás”.
“Entre el pelado y la gorda”.
Y escucharás chistes como “¿te pelaron a la conga?” “¡Pah, qué viento! ¿Se te volaron las chapas?” “Hola, cabeza descalza” “Buen día, cabeza de rodilla” y todas esas genialidades que se le ocurren a los tipos grandes.
Por último… los pelados no son sexualmente más atractivos que los demás.
Falso, esto que acabo de escribir es falso.
Dejé este tema para el final porque sé que mi mujer no se banca leer todas las estupideces que escribo.
Generalmente deja de leer por la mitad.
Así que como estoy seguro de que no está leyendo, lo confieso y me la juego: ¡El arrastre es increíble! Los pelados tenemos algo especial.
Sin ir más lejos, el otro día cuando fui a…no, eehh… vieja ¿no estarás leyendo esta parte, no?

Add comment Septiembre 7, 2009

¡Suéltame Gripe A!

Por Marciano Durán

–¡Treinta y cinco! ¡Número treinta y cincoooo! -gritó en la sala de espera una morocha de túnica blanca, mucho más blanca que la morocha.
–Meinta y minco y menta y meis, feñodita -le dije saltando de mi asiento con los numeritos en la mano.
–No le entiendo señor -me contestó como si yo le hubiera hablado en turco.
–Fe fo mengo el meinta y minco y mi feñona fiene el meinta y feis… ¿modemos fasan funtos? -le pregunté tratando de hablar lo más pausado posible.
–Señor Larramendi, ¿podría sacarse el tapaboca para hablar, por favor?
–¡Ah… misculpe! -le dije bajándomelo un poquito para contestarle. Le estaba diciendo que mi esposa y yo tenemos el 35 y el 36. ¿Podemos pasar juntos?
–Déjeme consultar con el doctor… un segundo.
Entró al consultorio y cerró la puerta. Enseguida volvió a abrirse y la misma morocha de ojos y ropa interior verde me dijo:
–Pasen señor Larramendi y señora Larramendi.
Un médico veterano nos señaló las sillas para que tomáramos asiento y enseguida extendió su mano para saludarme.
–Méjeme fasanme un moco de amcool, doston.
–¡No seas ridículo Conrado! -me retó mi esposa delante del médico. ¡Sacate el tapabocas y guardá esa cantimplora con alcohol! Vos al alcohol te lo estás poniendo por dentro desde hace años.
–El tapaboca me lo saco, pero la mano no se la doy, en todo caso nos saludamos con los codos. Este hombre está atendiendo enfermos de Gripe A, vieja. Ustedes en el Comité de Base lo saben muy bien, no te hagas la inocente -le dije a mi mujer bastante molesto.
–Señores -interrumpió el doctor mientras dejaba los lentes sobre el escritorio. Si no les parece mal tengo que hacerles este test que nos mandaron del Ministerio de Salud Pública. Comencemos por usted Larramendi. Pregunta Uno: ¿por qué vienen al consultorio?
–Porque tenemos Gripe A -le contesté rapidito para ganarle de mano a mi mujer.
–Porque tenemos un resfrío común -dijo más fuerte mi esposa tratando de tapar con su voz lo que yo decía.
–Pregunta Dos: Larramendi, ¿a quién votó en las internas?
–Al Cuqui y a mucha honra -le contesté con el orgullo que llega desde el fondo de la patria misma.
–¿Y usted señora?
–Yo voté al Pepe.
–Al Pepe, votó al Pepe, al cuete, un voto tirado. Lo que pasa, es que ésta…
–Les pido que no dialoguen. Cada uno tiene un minuto para responder y no voy a tolerar que se realicen alusiones personales en las respuestas. Tiene la palabra el señor Larramendi. ¿Cuánto hace que votó a Lacalle y cuánto hace que tiene esos síntomas?
–Mire, yo lo voté hace un mes en San José, porque soy de los pagos de Chiruchi. No quise hacer el traslado para Montevideo porque los tupamaros en Mont…
–¿Qué te pasa con los tupamaros? -vociferó mi mujer.
–¡SILENCIOOOO! -gritó el médico golpeando el escritorio con el puño y haciendo saltar los lentes que se había sacado. Si siguen discutiendo llamaré a la guardia y haré desalojar el consultorio. Le advierto señora que ampararé en el uso de la palabra a su esposo las veces que sea necesario. Esto es una cuestión seria señores, estamos hablando de salud, no permitiré que se mezclen los temas.
–¿Qué tengo doctor?
–¿Así que 40 grados, tos, dolor de garganta, secreción nasal, dolor de cabeza y votó a Lacalle en San José?
–Sí… ¿Qué tengo doctor? -pregunté casi al borde del llanto.
–A ver, diga 33 -me dijo colocando el estetoscopio en mi espalda
–¡Viva la 33 y el Pancho Gallinal! -le grité
–¡A la flauta… lo suyo es Gripe A!
–¡Nooooo! ¡No puede ser! -grité asustado. ¡Hace un mes que no salgo a ningún lugar! El doctor Chiruchi suspendió…
–El doctor Chiruchi no es doctor.
–Chiruchi cerró todos los espectáculos públicos, prohibió el fútbol, cerró las fronteras, cerró el puerto y el aeropuerto…
–San José no tiene ni puerto ni aeropuerto —interrumpió mi mujer, que no deja pasar una.
–Mejor, mejor así no entra la gripe. Sigo doctor: le sacó el tapón a la piscina municipal, no deja llegar más trenes, cerró la puerta de El Dado Rojo (la del costado), dijo que los hijos de los blancos no tienen por qué ir a clase y como si fuera poco lo anunció todo por Canal 4 que no arregló con Omar Gutiérrez. Por eso yo uso todo el día este tapaboca con la cara de Vidalín.
–¡Babeado! ¡Vidalín babeado! -dijo mi mujer.
–No importa Larramendi -me dijo el médico. No importa todo lo que usted haga. Este virus sólo sabe de internas. El alcohol en gel tendría que habérselo pasado a la credencial.
–¿Y ahora qué hago?
–Tómese dos termos de Tamiflú cada mañana, conéctese a un respirador los días impares y no vaya a trabajar hasta el verano o hasta que inventen la vacuna.
–¿Y si no?
–Yo que usted voto a la Vertiente. Vote a la Muñoz en ayunas cada cinco años.
–Mire doctor -interrumpió mi mujer, esto es todo invento de la prensa y de los blancos. Es como la inseguridad. Hay sensación térmica de inseguridad y de gripe A, porque ellos…
–Señora, mantengamos el debate civilizadamente. Usted no puede interrumpir permanentemente. A propósito, usted: ¿cuánto hace que tiene esos síntomas y cuanto hace que votó a Mujica?
-Lo voté en las internas. Éramos muchos que íbamos a votar, y como estaba frío mis hermanas no fueron, que estos no se crean que…
–Señora, si no se limita al tema en discusión la haré retirar de sala.
–Bien, yo voto en Maldonado. Yo no hice el traslado porque De los Santos donó para la univ…
–¡Conteste lo que le pregunto, señora!
–Bien, yo voté al Pepe hace un mes y tengo 40 grados, tos, dolor de garganta, secreción nasal y dolor de cabeza. Como mi esposo ¿Qué tengo, doctor?
–A ver… diga 609 -le dijo poniéndole el estetoscopio en la espalda.
–¡609 y hasta la victoria siempre! -gritó mi mujer con la misma voz ronca de la Topolansky.
–Tranquila, lo suyo es solamente moco flojo, señora. Va a tener que tomarse media Aspirina C todos los primeros de mayo, no se junte mucho con su marido y vida normal.
–¿Cómo que no se junte mucho conmigo? -le dije golpeando ahora yo el escritorio. Señor… vivimos juntos desde hace 40 años.
–Lo lamento Larramendi. Este es un Uruguay distinto al de su casamiento. O uno de los dos cambia el voto o están condenados al contagio. La familia no te elige, la familia te toca.
–Me toca poco doctor. La familia -o sea ella- me toca poco, le dije.
–Ese es otro tema Larramendi, yo no puedo solucionarle el toqueteo. Volvamos a la Gripe A. ¿Escuchó hablar de la guerra de las patentes? Bueno… ésta es la guerra de la Gripe A. De acuerdo al departamento en que viva es el aforo que le corresponde y en función de eso se determina si es gripe común o Gripe A.
–Sí, eso es cierto, mi auto está matriculado en Colonia –le dije apoyando lo que decía. Y pago mucho menos que donde están los ladr…
–Pero bien que cuando te operaron de las cataratas los compañeros oftalmólogos cubanos no dijiste nada. Tendría que haberte dejado que te operara el Cuqui con la motosierra -me contestó la muy ordinaria.
–¡Claaaro! ¡Vos sos de los solidarios con plata ajena! Mucha operación pero yo tengo gripe A. ¿Sabés por qué se llama Gripe A? Porque es la gripe de Astori, Arana y Arismendi. ¡Tengo Gripe A de Asolado. Así dejaron al país: A-so-la-do, pero se les termina, en octubre se les termina! -le grité al borde del divorcio.
–Mirá viejo, si gana el Cuqui quedará demostrado que en este país los chanchos votan a Cativelli -me contestó muy suelta de lengua.
–Bien, ya estaría -dijo el médico tratando de mediar. Tengo más votant… eeeh… tengo más pacientes que atender.
–Una última pregunta doctor, ¿no se habrá politizado mucho este tema de la Gripe A?
–No, no creo. Eso sí, les voy a pedir un favorcito. Cuando salgan, en la puerta se van a encontrar con un señor de apellido González. Háblenle fuerte y dejen que les lea los labios. Contesten lo que pregunte. Está haciendo una encuesta a boca de consultorio.
–Bien, buenas tardes doctor, gracias por todo -le dijimos a dúo mientras nos levantábamos de las sillas.
–De nada. Cualquier cosa me llaman. A la cama, cuídese mucho y que se mejore Larramendi
–¿Y yo? -preguntó mi mujer.
–¿Usted? Vida normal y un poco de grasa.
–¿Grasa? ¿Para qué?
–La mitad para que su marido se la pase en el pecho. Por el toqueteo, ¿vio?
–¿Y la otra mitad?
–Para la cadena de la motosierra… uno nunca sabe.

Add comment Agosto 11, 2009

LOS NIÑOS URUGUAYOS DEL 2009

“Ser feliz” parece ser una buena propuesta de vida.
Alcanzar nuestra felicidad y la de los nuestros, no deja de ser un buen destino para el ómnibus que resolvimos tomar.

Sí, ya sé…es mejor proponerse la paz y la justicia mundial; pero a esta altura eso se parece demasiado a un deseo de Miss Piriápolis.
- Admiro a la madre Teresa de Calcuta, al Papa y quiero la paz mundial.

Ser felices, ayudar a nuestros gurises a que encuentren su felicidad y desde ese estado de privilegio sumarse a los deseos de Miss Simpatía.
Eso está mejor.

Sin embargo lo raro de esta historia que quiero contar, es que me parece que últimamente hemos estado buscando la felicidad con muy poca puntería.
Hemos dedicado buena parte de nuestro tiempo a encontrar un lugar donde subirnos para intentar divisar la felicidad desde lejos y no hemos advertido que muchas veces nos paramos justo encima de ella.
Por eso no la encontramos.
Porque hay que buscar más cerca.
“La vida es eso que pasa mientras hacemos planes” decía John Lennon hace unos años.
“Quien busca la felicidad fuera de sí es como un caracol caminando en busca de su casa” escribía Constancio Vigil.

Entonces las primeras preguntas que se me ocurren son:
¿Estamos siendo felices mientras buscamos la felicidad o estamos reservando ese estado para cuando terminemos con la búsqueda?
¿Estamos promoviendo la felicidad de nuestros hijos mientras buscamos la nuestra?
No estoy muy seguro.
De lo que estoy seguro es de que los valores que recibíamos en nuestra infancia no son los mismos que reciben en el 2009 nuestros hijos y nuestros nietos.
No es una interpretación antojadiza…es una simple observación.
Solidaridad, respeto por la palabra dada, tolerancia, respeto a la autoridad, a los ancianos, a la diversidad, a los más débiles, amor a las instituciones que nos cobijaban (escuela, iglesia, partido político, club de futbol, boliche, etc., etc.).
Tengo la sensación que lo uruguayitos del 2009 están viendo triunfar un nuevo modelo individualista y narcisista y tengo la sensación que ese cambio empieza a producir consecuencias en ellos.
Hoy la competitividad, el éxito y el dinero le están sacando mucha distancia a los viejos valores de nuestros abuelos.
Si ya sé… a los de Argentina, España y Canadá les pasa lo mismo.

Bueno, los argentinos, los españoles y los canadienses que se manejen.
Yo estoy hablando de los niños uruguayos.

¿Qué tantos cambios se están produciendo en el Uruguay?
¿Quién está incidiendo de esa manera sobre nuestros gurises?
Los señores que van a tu casa cuando vos no estás.
Don televisor y doña internet.
Y cuando estás… también van.

Es que últimamente nuestros hijos son huérfanos part-time.
¡Hemos estado tan ocupados para que no les falte nada, que les está faltando el padre que está ocupado tratando que no les falte nada!
Así que se van quedando sin referencias y sin modelos.
O peor aún, los referentes están llegando por el coaxil y por wi fi.
Estamos demasiado ocupados consiguiendo insumos para que sean felices.
Y como si eso fuera poco, cuando volvemos al hogar permitimos, dejamos, consentimos, accedemos, cedemos y el límite que lo fije la maestra (que para eso le pagamos el sueldo)
Estamos cambiando presencia por presentes.
Ya que no podemos estar…traemos.

Recuerdo clarito el beso de la vieja antes de dormirme, papá apagándome la portátil y la voz metálica de “Tomándole el pulso a la república” o del “Reporter Esso” llegando desde el “dormitorio grande”.
Recuerdo la charla con cualquiera de ellos sentados en mi cama mientras mis ojos empezaban a cerrarse.
Todos los días eran importantes.
No hace tanto tiempo, lo recuerdo bien.

Hoy la trasmisión de valores plantea otros códigos.
–Cuando venga del trabajo estarás dormido, así que te dejo sobre la mesa el plasma que querías, mandame un mensaje de texto cuando te despiertes.

Y lo jodido es que todos los cambios apuntan hacia el mismo lugar: aislamiento y desvinculación.
Y el modelo se profundiza día tras día.
A pasos agigantados.
La cultura del esfuerzo, del ahorro, de la responsabilidad comienza a perder feo con el modelo competitivo y narcisista de Tinelli o con el modelo de Rial y sus secuaces exponiendo en la plaza pública las miserias y los dolores más privados.
Ayer vi un programa español en el que un matrimonio aplaudía porque había ganado 1000 euros. Emocionados, reían y aplaudían porque la respuesta había sido correcta: “Sí, mi esposo me pega seguido”.

El cálculo es sencillo: cuatro horas de escuela por día, te da -más o menos- 700 horas por año.
¡Pero los niños uruguayos del 2009 miran más de 1000 horas de televisión por año!
Para complicarla un poquito más, las familias empiezan a trasladarse al exterior o a otras ciudades y van dejando a los gurises sin abuelos, sin tíos, sin primos y sin padrinos.

¿Divorcios? ¿Nuevas parejas? ¿Hermanos mayores ausentes? ¿Abuelos en geriátricos? ¿Madres solteras?
Todo ayuda, todo ayuda.

–No mi amor, con mamá no te podemos atender ahora porque estamos trabajando para que seas mejor.
Acá te traje un celular para que me llames si tenés algo urgente. Y si no es urgente, lo buscás en internet.

–Mire señorita, nosotros trabajamos los dos y por eso no estamos muy al tanto de las notas, pero le prometo que esta vez nuestra hija hará un buen segundo año y con las mejores notas. ¿Cuarto? Eh… sí, cuarto año y con las mejores notas.

–Bueno hermano ¿qué te pasa? No te sirve nada. Entonces lo mandamos doble horario y de esa manera no queda en banda.
Entra a las ocho de la mañana y sale a las cinco de la tarde.
¿Tampoco te sirve?
Que empiece el colegio antes de cumplir dos años.

Cuando ni siquiera sabe pedir auxilio ya ha sido aband… ya ha sido anotado en un colegio de doble horario.
Y con seis o siete años, al salir del colegio se va a la casa de un amigo, porque en casa a esa hora todavía no hay nadie.
Y se turnan para ir a casa de distintos amigos buscando olor a sopa o plantas recién regadas.

Yo me sentaba a la derecha de papá, mis hermanos enfrente, papá en una cabecera y mamá en la otra. Todos los mediodías. Y charlábamos de la escuela y del barrio y de la quinta y de los trenes y de las estrellas y del Comisario de Cerro Mocho. Y nos retaban y nos felicitaban y nos preguntaban y nos contestaban. Fue por el 60, o por el 40, o por el 50 o por el 70.
Los niños del 2009 chiquitos aún, almuerzan solos en el colegio.
No tienen idea de pucheros compartidos, del “pasame el queso”, del “me saqué un sote primero” o del “¿por qué estás triste?”
Pobrecitos, comen comida hecha y hasta hamburguesas de Mac Donalds frías o recalentadas en el microondas del colegio.
¡Y muchas veces también cenan solos!
¡Qué pena tan grande me da escribirlo!
¡Cenan solitos comida congelada!
¿Con quién compartir lo que pasó en la escuela?
¿A quién contarle quién le pegó y a quién quieren darle un beso?
Como si fuera poco llegan a hacer deberes y a ordenar sus cosas.

Entonces la culpa de no estar nunca nos lleva a compensar comprando cosas materiales, desde un chupa-chupa a una note-book última generación.
Y las cosas empiezan a llegarles sin costos y sin sacrificios.
Y lo que se consigue sin dificultad pierde enseguida la etiqueta con el valor de la compra.
El valor sacrificio, el valor esfuerzo, el valor ahorro, el valor trabajo se desmoronan en una sola noche de lavado de culpas.

–Bueno, mi amor, pero después desenchufa, apaga todo y se acuesta, yo me voy al dormitorio que mañana arranco temprano. Y el chat, el messenger, el facebook y las páginas porno quedan a disposición de gurises que hasta buenos resultan a la hora de frenarse ante ellas.

Y se nos esfumó el desayuno compartido de los 50, la merienda colectiva de los 70, mamá leyendo el Cuento y Canto de los 60. Ya no está la abuela revisando el portafolio para que no falte el papel secante, ni el padrino tomándonos la tabla del siete, ni el viejo preguntándonos los números primos.

–¡Vamos chiquilines, vamos que tienen que prepararse para ir a la universidad! Necesitamos ese curriculum. Nos están pidiendo inglés y computación. No tenemos tiempo para sentir, no tenemos tiempo para disfrutar, no pueden ser niños por ahora, yo les aviso cuando puedan.

¿No estaremos consiguiendo el resultado opuesto al que salimos a buscar?
Por buscar los tres puntos de visitante… ¿no nos estarán metiendo abajo del arco en nuestra propia cancha?

Arriesguemos un poquito más.
Metamos una falange más de dedo.
Hagamos una pregunta un poco más comprometida (mientras vemos pasar eso que nos decía Lennon o mientras buscamos los lentes que tenemos puestos)
¿Estamos formando o deformando a nuestros hijos?
Hablo de los trastornos de nuestros niños.

Hago una pausa una vez más. Me proyecto. Recuerdo mi infancia y recuerdo que en mi barrio, y en los barrios que rodeaban a mi barrio vivía un niño de nuestra edad que tenía algún tipo de trastorno.
Le decíamos el loco.
Y era “El loco”.
En singular.
Porque era el único.
Por aquellos tiempos era difícil encontrar a más de uno por barrio, o por escuela o por generación o por ciudad.

Algo pasó mientras estábamos ocupados.
¿Tienen idea de cuántos niños uruguayos del 2009 padecen los trastornos sicológicos de aquel vecino nuestro?

¡¡¡¡¡OCHENTA MIL!!!!!
¡No alcanza el Centenario para sentarlos en las tribunas!

¡Los estadios de River, Bella Vista, Fénix, Basáñez, Cerrito, Rentistas, Racing, Sud América, Villa Española, Huracán Buceo, Rampla, Miramar y Liverpool llenos de niños trastornados!

¿Qué pasó?
Algo hicimos mal.
Ellos no nacieron trastornados.
Cuando nosotros llegamos al mundo todavía no estaban.
Los trajimos nosotros.
Es más…cuando los trajimos recuerdo clarito que estaban bien.

No deberíamos hacernos los distraídos.
No deberíamos cargar en la madre naturaleza toda la responsabilidad.
No vale culpar a Tinelli, a Paco Casal, a Jorge Batlle y a Cotugno.
Esa ha sido una buena manera que hemos encontrado de no culpar a nadie.
De no culparnos nosotros.

Niños trastornados.
¿De qué hablamos cuando hablamos de trastornos?
De violencia escolar, de agresiones que aparecen desde el jardín de infantes.
Hablamos de miles y miles de niños en manos de sicólogos.
De hiperactividad, de trastornos depresivos y de ansiedad.
De falta de autoestima en niños que ven como sus compañeros pasan de clase y los abandonan una vez más.

A ver si queda claro:
Los niños que están sentaditos en el Nazzasi tienen dificultades de alimentación.
Los que están en el Parque Roberto no pueden conciliar el sueño.
Los niños del Saroldi no pueden relacionarse convenientemente con el niño que está sentado a su lado.
Los de Belvedere tienen conductas adictivas, agresivas, violentas y algunas veces delictivas.
Los del Complejo Rentistas tienen problemas de adaptación y bajo nivel de tolerancia al fracaso.
Desde los tres y cuatro años los niños uruguayos del 2009 están pasando por la esquina de casa camino a los estadios y nosotros no los hemos visto pasar.

¡80.000 gurises con problemas para conciliar el sueño!
¡No pueden dormir!
¡Se dan vuelta a la noche en sus camitas y no consiguen dormir!
Esa te la llevo a los 40… ¡pero ellos tienen cinco!

Los niños del Parque Capurro están medicados.
Los del Estadio Olímpico están siendo medicados pero sin tratamiento psicológico.
Los que están en el Fossa tienen stress.
Vamos a hacerla un poquito más difícil aun.
¡Los de la tribuna de atrás del arco en el Méndez Piana están pensando en matarse!
Entre el 2000 y el 2007 el palco del Parque Roberto…se mató todo.
¡Se suicidaron 247 niños!
¡Uruguayos Campeones del Suicidio!
¡Uruguay nomá!
Este es el único campeonato para el que no necesitamos calculadora.
En pocos lugares del mundo se matan tanto como acá.

Al Pereira Rossell llegan por año tres ómnibus repletos de niños.
146 niños menores de 15 años.
¿Por qué llegan?
¡Por intento de autoeliminación!

Yo pensaba hablar de la Ritalina.
¡Más vale ni hablar de la Ritalina!

¿Quién es la Ritalina?

La Ritalina es un psicofármaco que actúa sobre el niño para que se concentre en clase.
Se utiliza para el tratamiento del síndrome de hiperactividad y déficit atencional.
Algunos expertos dicen que tiene graves efectos adversos; pesadillas, náuseas, vómitos, disminución o pérdida del apetito y trastornos del crecimiento.
Otros dicen que no es cierto.
Algunos expertos dicen que produce nerviosismo, hipersensibilidad, anorexia, palpitaciones, dolores de cabeza, cambios de presión y pulso, taquicardia y arritmia cardíaca.
Otros dicen que no es cierto.

¿Una generación que crece dopada?
¿Una generación que depende de pastillas?
¿Una generación “corregida” a fuerza de psicofármacos?

Claro… a un país que resolvió siempre sus enfermedades con Líquido Carrel, aceite de hígado de bacalao, un “no” que quería decir “no”, papel astraza caliente en el pecho, penitencias dolorosas, pañitos con alcohol en la barriga, una doña que nos “tiraba el cuerito”, leche de magnesia, huevos crudos con malta, un vaso de agua dado vuelta en la cabeza, límites que no se corrían, Vick Vaporub para la tos , rutinas claras en la casa y un tate quieto de vez en cuando… a un país como ese, le resulta muy difícil entender la Ritalina.
Aunque sea buena y necesaria.

¡El 30 por ciento de los gurises uruguayos consume Ritalina para combatir el déficit atencional!
¡Tres niños uruguayos de cada diez!
Yo pensaba hablar de la Ritalina.
Más vale dejar la Ritalina para otra crónica.
Prefiero quedarme con la tristeza de los niños uruguayos del 2009.
Es más que suficiente.
Me duele el pecho cuando lo escribo.
Ojalá le duela a alguno cuando lo lea.

Marciano Durán
Julio 2009

Add comment Julio 17, 2009

El sábado fui al dentista

Hace 20 minutos que estás en el baño Nelson -dijo mi mujer acercando su cara a la puerta cerrada- ¿Te pasa algo?
–Mmmmm, mfhe escoy mavandlo nos mientes -contesté desde adentro escupiendo el agua en el lavatorio.
–¿Otra vez te estás lavando los dientes? Vos andás en algo raro Nelson. ¿No te habrás cambiado el calzoncillo esta semana también, no? ¿En que andás Nelson? ¿Te estás viendo con alguien?
–Shiiii, mbe esboy miendryo pon un bentischa!! -le grité enjuagándome la boca.
–¿Que qué?
–¡Qué me estoy viendo con un dentistaaaa!!!!- grité revisándome los molares y los premolares.- ¡Lo que pasa es que el tipo me va a mirar y me va a revisaaar! Si me encuentra algún pedazo de cadáver de pollo o de cordero me va a querer matar. Por las dudas me los lavo otra vez.
–¿Otra vez, Nelson? Te estoy escuchando ¿Te empezaste a lavar los dientes otra vez?
–Mpchacbbhsf -le contesté y le volví a dar al cepillo.
Iba a masticar un chicle pero me dio miedo de que el tipo se avive y llamara a su secretaria diciendo: “¿Ves?… este es el tipo que te había contado. El que tiene la boca hecha bolsa. Llamate a los colegas de la facultad, me gustaría que vinieran a ver esto. ¿Ves ahí? No… al lado, al lado del pedazo de muela. No… no… contra lo que le queda del canino verde-yerba … ahí … atrás de ese pedazo de repollo… ahí… ahí se alcanza a ver un chicle de banana.”
El viaje hasta el consultorio fue más largo que un viaje a Rivera… en tren. No me animé a masticar chicles. No es que le tenga miedo al dentista, ni siquiera me pone nervioso, pero debo reconocer que durante el viaje me imaginé que suspendían la consulta porque: a) Se cortó la luz desde la línea del Ecuador para abajo. b) Amenaza de bomba de un grupo árabe con caries mal curadas c) Aviso de un tsunami uruguayo d) Consultorio cerrado debido a que un asesino en serie mató media docena de dentistas.
En el consultorio me senté cerca de la puerta por si se confirmaba lo del tsunami.
Miré el revistero y agarré la revista más nueva de todas.
Me enteré que se separan los Beatles.
Una señora obesa con cara de “a mí no me duele nada y vos estás asustado” no me sacaba los ojos de encima.
Cambié por otra revista y leí que un ciclista italiano de 32 años murió al sufrir una crisis cardíaca tras una visita al dentista. El artículo decía que al parecer la anestesia le produjo una asfixia por reacción alérgica.
En la parada del ómnibus me encontré con mi mujer.
Le expliqué lo del ciclista y me metió a los empujones otra vez a la sala de espera.
Me pareció que la señora gorda se sonreía con las rodillas.
Cuando le fui a leer a mi mujer la noticia del ciclista empezó a sonar el torno.
No hay sonido peor. Ni la tiza contra el pizarrón, ni la gillette contra el vidrio, ni la sirena de una ambulancia que pasa rumbo a tu casa, nada se compara al sonido del torno. Es más… yo no lo escucho con las orejas, lo escucho con mis propios dientes.
¡Te lo juro Mariela!!! Ese ruido me entra por la boca, se me mete en la muela cariada y después llega por dentro al oído, de ahí a mi corazón y mi corazón le dice a mis pies que corran. ¡Por eso estoy otra vez en la parada del ómnibus! ¡No fueron mis piernas, fueron mis muelas Mariela! -le expliqué mientras me metía otra vez a la sala de espera.
Miré a la gorda podrida con la secreta esperanza de que se riera, para poder golpearla y que me llevaran detenido por 24 horas. La idea era que me largaran el domingo cuando el consultorio estuviera cerrado.
Alcancé a notar que la chancha deforme se rió con el riñón derecho.
Cuando me paré para golpearla escuché una voz conocida.
–Buen día Fleitas. Pase por acá por favor, es su turno -dijo la estúpida de la secretaria con voz de psicóloga arrepentida.
Mi mujer se quedó en la sala de espera.
Una morocha de túnica blanca me puso una especie de babero y me dijo que ya me atenderían.
De reojo alcancé a ver una puerta que parecía que daba hacia algún patio interior.
Escuché el torno del consultorio de al lado y me pareció oír un grito.
La puerta no daba hacia un patio interior.
–¡Fleitas, qué gusto verte!! -dijo el asesino apenas entró- A ver… abrí la boca por favor.
Empezó a mirar para adentro y a hacer caras raras y cada tanto largaba un “¡¡Ahá!!” La morocha apareció con una bandeja, el asesino me puso algodones entre los dientes y los labios y me preguntó:
–¿Y cómo va el negocio, Fleitas? Mejoró un poco, ¿no?
–Fshué ul inmiengo foshigo -le contesté intentando decirle que fue un invierno jodido. No sé por qué primero me llena la boca de cosas y después me hace preguntas.
–Che Fleitas ¿Siempre estás en el mismo lugar, no?
–Sfhjiii -le contesté y alcance a ver que el homicida extraía de entre sus ropas una inyección del tamaño de una alpargata. ¿No me irá a clavar esa barbaridad?
–Esto no te va a doler, te va a molestar un poquito pero se te pasa enseguida. ¿Cómo viene la temporada?
–¿Ca quenpodada? ¿Ve vas a clanvad una abufa fibante y me brebunpás pod da quenpodada? ¡Brimimal bon bítulo!
–Fleitas
–¿Qubé?
–Que algunas cosas se te entienden -me contestó, me metió la aguja y dejó que corriera un líquido parecido a medio kilo de dulce de leche. Se fue y me dejó solo.
Aproveché para mirar de reojo los aparatos y las luces y empecé a sentir que perdía la boca y el paladar. Dejé de sentir mi lengua y encía. Me parecía que mi boca estaba en el techo junto a la lamparilla, que se estiraba como una plasticina y me la pisaba la morocha. Que la oreja derecha era una gelatina violeta que se enredaba con mi campanilla y la lengua se hinchaba como un enorme sapo. Algo estaba claro: no sé que me inyectó, pero la boca ya no era mía, era como un globo de cumpleaños con forma de pescado muerto que me apretaba las encías. Intenté salir corriendo pero mi boca pesaba demasiado. Me quise tocar la cara con la mano para saber si todavía estaba allí y apareció el maldito asesino vestido de blanco. Se puso guantes de goma como para no dejar huellas y la cómplice me colocó en la boca -como si fuera una percha- un aparato chupador.
Le metí la lengua en el agujerito para que se tapara y noté que cambiaba el ruido. La tapaba y la sacaba, una y otra vez.
–¿Estás jugando con la lengüita Fleitas? O sea que ya está pronto -dijo el sádico de la túnica blanca.
Me pareció que se le saltaban los ojos y que los colmillos se le estiraban. Metió su mano derecha en mi boca tomando mis dientes inferiores y la izquierda tomando los superiores y empezó a cinchar para abrirla al máximo.
–Fe buebe bomper!! ¡Fe be buebe bomper la bopa! -dije como pude.
Creo que me puso un palo para que no pudiera cerrarla. Después empezó a escarbar con un gancho de metal y a picar adentro con una maceta. Agarró un destornillador y una pico de loro. Enseguida manoteó una amoladora y una llave inglesa. No estoy seguro si eran esas herramientas, pero yo sentí que sí. Al costado, abajo, a la derecha, me pareció ver una carretilla, una hormigonera y un martillo neumático. Creo que apoyó la rodilla en mi pecho y que llamó a la morocha, a mi mujer y a la gorda para que lo ayudaran a tirar. Dice mi mujer que ella no vio que nadie entrara al consultorio y que no es cierto lo de las herramientas y la rodilla en el pecho. Puede ser. Puede ser que yo exagere un poco, pero lo que sí es cierto es que me sacó los algodones, el chupa baba y me preguntó si quería escupir y si me sentía bien.
–Ssshchi -le contesté tratando de no morderme la lengua.
–¿Podés el venir el martes que viene, Fleitas?
–¿El manzques te bienñe? -pregunté con la boca trasformada en un matambre casero- ¿Bod qué no fe vas a da buca mabfre que te badió? -le pregunté mientras pensaba en tomar clases para hablar con alguna otra parte del cuerpo antes del martes.

Add comment Julio 6, 2009

Hello world!

URUGUAYOS INCOHERENTES

A pedido de “Sanducera” acá va la versión de “Uruguayos Incoherentes de América y del Mundo” incluída en el libro “La cuestión es darse maña y otras incoherencias”.
Aprovechamos para agradecer a los 3.000 uruguayos (supongo que sean todos uruguayos) que se llevaron para sus casas los 3.000 libros que editó Flor Negra Ediciones y que pensábamos estarían en las librerías hasta fin del 2009.
¿Los estarán usando para otra cosa?
¿Les habrán encontrado otro destino?
¿Están realmente tan trastornados?

Con un pie en el avión que nos lleva a nosotros y al libro a Canadá y EEUU, gracias una vez más.
Toronto, Ottawa, Montreal, New York, Washington: existiendo escritores de verdad, no nos responsabilizamos por el uso que hagan de este cronista.
Marciano

URUGUAYOS INCOHERENTES DE AMÉRICA Y EL MUNDO

Somos raros, o por lo menos somos distintos a unos cuantos.
Me refiero a los uruguayos.
Está claro que tenemos costumbres que nos distinguen: perfil bajo, pocos gritos, no muy fanáticos de las ocho horas, más bien humildes, de llegar tarde a todos lados, de poca memoria y muchos perdones, todos directores técnicos y votantes de cualquiera, menos del que esté de turno defraudándonos.
Esperamos la llegada del domingo y no sabemos bien qué hacer con él cuando aparece. Inventamos el “domilunes”, esa “tardecita-noche” parecida a un velatorio nacional.
Hace muchos años queríamos que nuestros hijos fueran doctores o maestras. Más adelante nos gustó que fueran bancarios. Después quisimos tener un kiosco, o cualquier comercio que estuviera de moda. Así llenamos de clubes de video y canchas de pádel las ciudades de nuestro país. Al tiempo transformamos las canchas de pádel en gimnasios y en viveros, y a los clubes de video los volvimos cibercafés.
Somos distintos. Para nosotros el año empieza cuando llega el último ciclista. No sé si no sería bueno armar el pinito de Navidad en Semana Santa, y mandarnos tarjetas deseándonos “próspero año nuevo” a partir de abril.
Somos distintos. Matemáticamente siempre tenemos la chance intacta para entrar a ese lugar donde ya está el resto del mundo.
Nos prometemos los cambios para después del fin de semana: la dieta, dejar el cigarro, correr, no perder más el tiempo en cosas que no lo merecen. En fin, somos uruguayos. Por lo tanto incoherentes. Y no sólo porque tenemos un Penal de Libertad, un Arroyo Seco, un Cerro Chato, y un Estadio Charrúa en medio del Parque Rivera.
Somos incoherentes por mucho más que eso. Veamos:
¡En Cerro Colorado ganaron los Blancos y en la Blanqueada el Frente!
Las llamadas retumban en Durazno, Melo y en San Carlos. ¡Pero no hay llamadas en Tambores!
El paseo para niños más importante de este país se llama Villa Dolores, y la edificación más grande del Uruguay la hizo un tipo de apellido Scasso.
¿Cómo entender que una plaza que se llama Cagancha no tenga baño?
¿Cómo entender que la Organización del Fútbol del Interior (OFI) sesione en Montevideo?
Sinceramente, resulta difícil explicar que en Punta del Este los pobres vivan en un barrio de nombre J.F. Kennedy y los ricos en el Cantegril.
¿Alguien me puede explicar cómo es posible que los montevideanos cada vez que vienen al interior digan que van para afuera?
¿Cómo es posible que el único boxeador que llegó a pelear con Alí sea Evangelista? ¿Cómo es posible que Picasso nade, y de las Carreras escriba?
Cómo entender que Aguas Dulces tenga solo agua salada, que Progreso descienda, que por Tarariras no pase ningún río, que después de La Paz vengan Las Piedras, que los duraznos sean de Canelones, y que en la Isla de Flores no haya ni siquiera un cartucho. Que los Treinta y tres orientales hayan sido como cuarenta, o que un húngaro nos hizo el himno.
Sí, es entendible. Después de todo vivimos en un país que ni nombre tiene. Sólo sabemos que nuestra república está al oriente de un río llamado Uruguay. Definitivamente somos una manga de incoherentes. Por donde nos busquen.
Por ejemplo, veamos un poquito la política uruguaya:
No es necesario ser un atento observador para darse cuenta de que Rubio no sólo que no es rubio sino que, como si fuera poco, es calvo.
¡Blanco es colorado! Iglesias no va a misa. Pita no fuma. Platero era un sindicalista inteligente, Ache no tiene hache, Obispo no tomó la comunión, y a la ley para despenalizar el aborto Tabaré la hizo abortar.
En cualquier tema sucede lo mismo. La banda que gusta más se llama “No te va a gustar”. El escudo de Florida dice “Libertad y Progreso”. Pero Libertad está en San José y Progreso en Canelones. El Fata Delgado está cada vez más gordo. El músico que anda más clarito es el Negro Rada. Carrero anda en auto. Pepe Guerra es un tipo tranquilo.
Peinado no tiene un pelo. Bueno es malo, Casal es uno solo, Carrasco es del campo, y Del Campo es de la ciudad. Hornos es un jugador frío, Rocha es de Salto, Bizera juega sin nada en la cabeza, Peña es de Nacional, y a Gesto no se le mueve un solo músculo de la cara.
¿Tienen idea de cómo se llama la Escuela Nacional de Vitivinicultura?
Bien, supongamos que no tuviera nombre y nosotros le tuviéramos que poner uno. Pensemos…
¿Escuela de Vitivinicultura? ¿Escuela de Vitivinicultura, Calidad y Estilo? No, no se llama así. ¿Estirpe y excelencia? Nooo, tampoco.
La escuela de Vitivinicultura de este país dependiente del Consejo de Educación Técnico Profesional.
La escuela de Vitivinicultura del Uruguay, pilar del conocimiento del proceso de producción de vino, soporte del desarrollo de los vinos de nuestro país, se llama: Tomás Berreta.

Marciano Durán

1 comment Junio 12, 2009


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